lunes, 8 de abril de 2013

La crisis del quesillo



En ninguna otra parte de Latinoamérica le llaman quesillo al quesillo. A unos amigos colombianos se los explicaba –en su patria– como un flan de huevo, leche y azúcar. Y así, llegó abril y con él la primavera, el cumpleaños de sultanito, perencejo, fulanito, mi mamá y las elecciones (otra vez) presidenciales (otra vez) en Venezuela.

11 de abril. Mi mamá dice querer torta de auyama. Vaya que es difícil cumplir años en abril. Mis hermanas se preparan con dos meses de anticipación para la torta. Vaya que es difícil cumplir años el 11 de abril en Venezuela. Mis hermanas me textean: “haz tú el quesillo”. No soy tan precavida como ellas, así que no me preparé con anticipación. Voy a cuanto supermercado, abasto y farmacia todera haya en el camino. No hay leche. No hay azúcar. No hay huevo. El cartón de huevo está a 80. No hay leche en polvo. Hay leche para niños de 1 a 3 años. Hay leche descremada. No hay huevo. Señor, ¿vende los huevos detallados? No hay azúcar tampoco harina, así que no sé cómo harán la torta. Si no hay nada, ¿cuánto cuesta una torta en la panadería? Debe ser como comprar caviar.

Aquí hay crisis cuando el quesillo está en crisis. No hay leche. No hay azúcar. No hay huevo. Esta es la crisis del quesillo. Habrá que inventarse nuevos dulces. Mamá, feliz cumpleaños: ahí te llevo tu lata de leche condensada. 

P.D.: encontré harina pan en la búsqueda de leche, azúcar y huevo.

lunes, 1 de abril de 2013

Querido malandro:


Seguro mi cartera color marrón te iba a quedar mejor a ti que a mí. La pintura de labios roja combinaría a la perfección con tu piel bronceada. Te equivocas si crees que por vivir en un vecindario residencial de quintas traigo plata encima. Piénsalo. Si fuera de las platudas, no andaría a pie. Yo creo que estás apuntando a la gente equivocada si quieres crecer en tu oficio. No te extrañe que te diga querido después que te grite a plena calle un inmenso “mamagüevo” –mi grosería favorita–, es que me revolviste las entrañas. Tú y tu compañero parrillero son de los peorcitos que me he encontrado. Me dieron tres vueltas con las luces apagadas antes de pararse, ¿en serio creyeron que no me di cuenta? Cuando decidiste acercarte, ya yo había corrido. Y si de verdad hubieras tenido una pistola, como amenazaste, yo estaría tirada en la grama con un pepazo entre ceja y ceja, y otros más al darte cuenta que dentro de mi cartera no había nada de valor. A menos que quisieras robarme mi estuche de maquillaje y mis retenedores dentales. No eres el primero que me encuentro. Corro rápido y grito duro. No me tiemblan las piernas ni las manos para echar a correr y tocar cuanta puerta haya pidiendo auxilio. No me tiembla la boca para decirte, querido, que eres un mamagüevo, raterito de segunda que anda pendiente de un smartphone para venderlo (¿a cuánto? ¿500 bolos?) y así completar para la marihuana y el periquito. ¡Vas a salir de abajo con 500 bolos!

50 bolos cargaba en mi monedero. Y te lo dije, no traigo nada encima. Mi smartphone, del que tanto estás pendiente, no llega ni a ser modelo 2012. Si de verdad quisieras plata, quisieras salir de la miseria, serías astuto y actuarías inteligentemente con estrategias bien planeadas para un gran golpe. Unos panas tuyos (quizás y son los mismos), me agarraron hace 6 meses una cuadra más allá. Como se escondieron detrás de un árbol, me agarraron. Corrí, grité, lo arañé, le partí el paraguas en la cabeza. Eras las 3 de la tarde y ningún carro o persona se paró a ayudarme. Me dio una cachetada y me pegó golpes en el brazo hasta que solté la cartera. Su mano quedó marcada en mi cara. Y ese hombro, ese brazo, ese jalón de cartera, es hoy un hombro que me duele todos los días y que será una futura operación. Y lo más bravo es que se llevó la cartera, las llaves, la cédula, el maquillaje… y el celular cayó al piso y allí quedó. No lo pudo agarrar para llevárselo. Mejor salgo con un bate a la calle que con maquillaje, ¿verdad? ¿Y sabes una vaina? Esta que camina por las noches subiendo la loma para la urbanización es la hija de la cachifa, la que estudió en colegio público siempre, la que se metió mil y un veces al barrio donde tú vives (y a peores) a hacer la tarea con los compañeritos de clases y a sus fiestas de cumpleaños, la que trabaja con ONGs tratando de cambiar el mundo, a quien su madre (la cachifa) le enseñó que la única diferencia entre la gente es que hay buenos y malos, nada de negros y blancos o de ricos y pobres. Yo aprendí a los 15 años el valor del trabajo, que para comer debía trabajar y ayudar a mi vieja, que nunca terminó los estudios. Y desde esa edad, mamagüevos como tú andan rondeándome en motos tratando de quitarme lo que me sudé. Y no me da la gana, chico. Además, mi operación del hombro debe costar como 10 de esas motos. Y no tengo para pagarla.

Cuando veas una jeva por la calle con un bate en la mano, soy yo. Si tú me estás buscando, yo también a ti. Este espacio es mío y no te lo pienso ceder.

viernes, 8 de marzo de 2013

La primera vez que vi a Chávez



El recuerdo es lejano. Un camarógrafo de Venevisión nos tropezó a mi abuela y a mí, apurado para poder llegar más cerca. Fue como una pequeña estampida de gente que de repente corrió hacía él para saludarlo, para oírlo, para felicitarlo, para halagarlo. La plaza El Cristo de Baruta es pequeña, y mucho más el preescolar “Nuestra Señora del Rosario” que está junto a la iglesia. Allí votó Hugo Chávez en el 98. Mientras la gente corría para verlo entrar, mi abuela me apretaba la mano fuerte y entre brincos y estar pendiente de no soltarme gritaba “¡Chávez, Chávez!”. Su corazón estaba agitado. Ella se había levantado muy temprano para votar por él en un liceo a unas 10 cuadras de allí. Luego fue a la casa a comer algo y bajamos a verlo. En esa época, la plaza era naranja y tenía un pequeño Cristo en el medio que ya se estaba volviendo de ese color. Recuerdo como Hugo trataba de ver y devolverle el saludo a todas las personas; ondeaba su mano y giraba la cabeza de un lado hacía el otro. Con la fuerza imbatible de mi abuela, esa fuerza de las mujeres del campo, logramos entrar al preescolar tras muchos pisotones y varios empujones. Una señora mayor con una niña de 12 años, ¿por qué no la iban a dejar pasar?

Yo quería verlo. Mis amigos de la escuela pública siempre hablaban de él. “Mi papá va a votar por Chávez porque entiende a los pobres”, “Él no es un presidente como los demás”, “Mi mamá me dijo que antes le gustaba Irene, pero ahora es Chávez”. Ellos lo defendían. A mí no me dejaban ver mucha televisión así que no sabía tanto de él, pero si presenciaba las acaloradas discusiones entre mis abuelos. Ella maestra, él, mi abuelo, abogado y contador, ambos de clase media alta –para ese entonces– pero siempre interesados por los demás, trabajando en escuelas de los barrios cercanos y ayudando a las familias de por allí. Mi abuela siempre decía que sabía donde vivía Chávez, pero nunca se atrevió a ir. Siempre fue un misterio, igual que será siempre un misterio porqué, luego de tantos empujones, cámaras de televisión, periodistas y guardaespaldas, al estar por fin frente a su comandante, mi abuela no le pudo decir ni una sola palabra.

martes, 5 de febrero de 2013

Te meto presa



Que las licorerías en este país cierren a las 7 de la noche es un claro significado de que nadie se ha puesto a calcular correctamente cuanto (más) se podría ganar por impuestos. Digo, ya que siempre hay más de uno pendiente en ver cómo te quitan dos bolivitas más.

Sector El Cementerio. 7:10 de la noche. Se antojan unas ganas de comprar un vino para la cena a la cual vamos en camino. No vemos ninguna licorería abierta. Nada mejor que preguntarle al perrero de la esquina si sabe cual nos puede facilitar un vino.

- Amigo, ¿sabe que licorería está abierta por allí?
- Cierran a las 7, mija.
(Se acerca un hombre moreno, de unos cuarenta y dele, vistiendo una chaqueta)
- ¿Qué estás buscando?
- Bueno, una licorería.
- ¿Para comprar qué? ¿Un roncito?
- No. Un vino.
- Ah (resonga). Pero vino está como difícil.
(Piensa unos breves segundos en silencio)
- Mira, cruza aquí a la izquierda, luego a la derecha, luego a la izquierda y sigues derecho dos cuadras. Allí hay una licorería. Ya está cerrada, pero Ángel atiende, tú sabes, bien guillaito. Anda a ver.
- Gracias, señor.
- Por cierto, mi amor. Si no te pones el cinturón de seguridad, te meto presa. 

Nada como que un policía te de las indicaciones de la licorería. Ah, y para el tal Ángel, sangría es vino tinto. 

miércoles, 23 de enero de 2013

Si Osmel Sousa fuera presidente



Si Osmel Sousa fuera presidente, no habría imposición de banda, sino coronación.
Si Osmel Sousa fuera presidente, exiliaría a la gente fea del país.
Si Osmel Sousa fuera presidente, el traje típico de las mujeres venezolanas sería silicon y tacones.
Si Osmel Sousa fuera presidente, la Asamblea Nacional sería un grupo calificado de jurados.
Si Osmel Sousa fuera presidente, Donald Trump sería venezolano.
Si Osmel Sousa fuera presidente, Miraflores sería de color rosado.
Si Osmel Sousa fuera presidente, el país se llamaría “República Miss Venezuela”.
Si Osmel Sousa fuera presidente, la cirugía más común sería de alargamiento de piernas.
Si Osmel Sousa fuera presidente, Alicia Machado sería una presa política.
Si Osmel Sousa fuera presidente, la constitución sería un libro rosado de felpa con escarcha.
Si Osmel Sousa fuera presidente, ¿quién sería el vicepresidente?
Si Osmel Sousa fuera presidente, ANTV pasaría a ser Venevisión.
Si Osmel Sousa fuera presidente, Joaquín Riviera sería el presidente de la Asamblea Nacional.
Si Osmel Sousa fuera presidente, CADIVI se haría por casting.
Si Osmel Sousa fuera presidente, ¿quién sería el primer caballero?
Si Osmel Sousa fuera presidente, no habría viajes a Cuba.
Si Osmel Sousa fuera presidente,  yo me tendría que alisar los rizos.
Si Osmel Sousa fuere presidente, la fuerza armada y la guardia nacional sería el ballet de Venevisión.
Si Osmel Sousa fuere presidente, no sería presidente, sino zar.
Si Osmel Sousa fuere presidente, sería dictador.

Esta mañana escuché a una modelo polaca-venezolana decir que Osmel ha dado tanto por el país que quizás debería ser presidente. Ella mostraba su admiración hacia el zar de la belleza con esa frase. Decía, “el país sería otro, sería mejor”. No tarde ni 5 segundos en imaginarme a los militares vestidos como party boys, con los botones de la camisa sueltos y los pantalones de colores bien apretaditos. #SiOsmelSousafuerapresidente.

Un país no lo hace su presidente. Sino sus ciudadanos. Y ser ciudadano no es tener la cédula y la nacionalidad. Pero como somos presidencialistas, quizás nos merezcamos a Osmel de presidente. Vota rosa.


viernes, 9 de noviembre de 2012

M.A.S. venezolanidad

Por mi trabajo, por mi carrera, por mis emprendimientos y porque en mi vida es un tema prácticamente diario, suelo hablar mucho de venezolanidad. ¿Qué somos? ¿Qué nos identifica? Es que siento que latinos, caribeños, noveleros, petroleros, peloteros, misses y Chávez no es lo únicos que puede ser uno, el nacido en esta patria de oportunidades. Me la paso, además, describiendo y defendiendo de forma poética las colas inimaginables del mercadito en Plaza Caracas, los mercados de frutas y verduras en cualquier esquina, el desastre en el Metro, el buhonero que irrumpe tu espacio personal, la venta de pinchos de carne de dudosa procedencia en la calle, las señoras vendiendo heladitos y mango verde con más adobo que el asado que tanto nos identifica. Si, hago las veces de abogado del diablo. Este desastre lo padezco, pero he de confesar que me encanta. Como escribe Héctor Torres en su libro de crónicas "Caracas Muerde": a Caracas no se le habita, se le padece. Y me encanta hablar de eso, ESO que nos identifica como venezolanos.

No esperes que te lo diga ahora comenzando este párrafo, porque no lo sé. Pero ayer en una conversa amena con unos compañeros comunicadores (ningún periodista, cabe destacar), un ex publicista que ahora está en el mundo político -y que no diré que se llama Roberto- nos hizo llegar al tema de como la publicidad también es algo que nos define. Por supuesto que hablamos pestes de los comerciales de zapatos y tanta cosa espantosa que sale en nuestro televisor a la hora de la novela. Y, repasando la lista de las razones por las que un comercial para televisión puede ser recordado, añadimos a la enumeración: ¡por malo!

Y la charla nocturna terminó con una reflexión sobre lo que somos y lo que nos identifica. Porque de verdad, ser venezolano no es solo meter el dedo en el whisky, no es jalar la mesa en vez de arrimar más la silla; no es desayunar, cenar, merendar, almorzar y pasar el ratón con una arepa. Simplemente, usted es venezolano si se sabe completico, de arriba a abajo y lo ha dicho más de una vez en su vida, el comercial de Limpiador de pocetas M.A.S., que desmancha más, que desinfecta más... como Roberto nos contaba "eso es ser venezolano. Saberse el guión del comercial del limpiador M.A.S. Tengo una amiga que vive en Estados Unidos y lo tiene en un DVD, y cada vez que extraña a Venezuela lo pone y llora como loca. Sobre todo los 31 de diciembre".

lunes, 8 de octubre de 2012

Mientras el mundo se cae a pedazos (no vine a divertir a tu familia)

Trataré de ser breve. Rodolfo Rico (@rodoarico) acaba de tuitear “uno de los problemas que tenemos es que no tenemos intelectuales, sino comparsas”. Somos un país de cobardes que se esconden bajo el humor y los memes, detrás de sacarle un chiste a todo nadie es un verdadero líder ni un verdadero revolucionario. Estamos cómodos en nuestra situación de quejarnos y victimizarnos desde el sillón de la casa. Es mejor malo conocido que bueno por conocer, es mejor esperar que ser un reaccionario supuesto marginado que quiere las cosas diferentes, de esos que son tan famosos en el país y los vemos tan lejanos, tan distantes, como si nunca hubieran existido en Venezuela y ya hasta los estamos olvidando.

Quizás seamos de los que necesitan héroes anónimos y pasemos toda la vida dando gracias a la virgencita por ellos, pero nosotros no somos héroes de nuestra propia vida. No me dejo de asombrar, y ya no sé si eso es bueno o malo. Cabrujas, (suspiro) y pienso en una conclusión muy básica que está en nuestras narices: la televisión, los medios, el país, la política, la calle, las relaciones, la familia, la universidad, la venta de zapatos, las misses están en crisis porque la telenovela está en crisis. Estamos olvidando como ser latinoamericanos. Ya no hay quien se queje EN SERIO ni a través de los melodramas de la hora estelar. Y eso en este país es crisis, hermano. La telenovela es nuestra cara, nuestra personalidad, nuestra realidad, sufrimiento, abismo, espejo, espera, esperanza, torpeza, angustia y verdad. Y ya no dice nada ni la de las 9 ni la de las 10 pm. Ya no somos el país de las novelas; ahora sí solo tenemos peloteros y misses (que al parecer son pseudo muñecas de la mafia).

Disculpen si se sienten ofendidos con esto. Pero no se los decía a ustedes, me lo decía a mí misma. Mario García (@mario_r_garcia) fue el único de los quejosos de ayer que se atrevió (y yo me atreví a leer) que cada país tiene el gobierno que merece… quizás debamos leer esta nota oyendo "Al lado del Camino" de Fito Paez y, quizás, cuando termine la canción tengamos ganas de volver a ser latinoamericanos y volver a escribir nuestras telenovelas (o nuestra historia y nuestras verdades). Somos un pueblo de cobardes.